albertobuscato

Consecuencias de la teoría especial de la relatividad

Por lo tanto, la energía contenida en un cuerpo se manifiesta como parte de su masa, es decir, masa y energía son dos estados distintos de la misma realidad, siendo la materia una suerte de cristalización de la energía o, dicho de otra forma, la masa es una propiedad de la energía: «la energía que porta un sistema de cuerpos puede ser tomada como una medida de su energía» (RT: I, 15), lo que queda recogido en la fórmula E=mc2. Así, los eternos principios de lo pasivo y lo activo, de la materia y la energía, quedan unificados bajo esta teoría.

Querido doctor

No sé cómo contarle lo que me ocurre, pero no quiero callar mucho más tiempo. Cada vez que he intentado hablar de ello, solo me he encontrado con la incomprensión y el juicio, incluso con cierto reproche por el desagrado que a algunas personas le produce hablar de ello, como si mi queja fuese peor que mi afección. En mi familia, todos sabemos que está ahí, pero nunca se ha hablado de ello. Al menos, no lo suficiente. Y las amistades que también pasan por esto están tan perdidas como yo me encuentro, lo que nos sume en una incapacidad que hace más lamentable esta situación. Sin embargo, me niego a pensar que no hay solución ni remedio posible para el mal que me atormenta. Padezco una enfermedad desde hace años. No sé si es exactamente una enfermedad o una característica de mi condición humana. Pero duele. Y molesta.

¿De qué va todo esto? El eterno arte de contar historias [EXTRACTO]

Canciones, películas, novelas; fábulas, cuentos, leyendas; chismes, cotilleos, rumores; goliardos, juglares, trovadores; payadores, cantautores, raperos… Todas las culturas y grupos sociales transmiten su forma de entender el mundo, sus valores e incluso modos de actuación específicos frente a situaciones concretas a través de un canal tan antiguo como trascendental: el arte de contar historias.

Sistema del mundo s. XX (I): Telescopio espacial

A principios del siglo XX, los telescopios terrestres se habían mejorado enormemente, hasta el punto de alcanzar el límite que la atmósfera impone. La conclusión era clara: necesitábamos un observatorio espacial. Y este requeriría, como mínimo un espectrómetro, aunque sería mejor que tuviese, al menos, un telescopio de diez pulgadas o, soñando a lo grande, uno de 200 o 600 pulgadas (entre cinco y diez metros), con el cual «un objeto en marte de una milla de radio [1,6 kilómetros] podría ser grabado claramente en oposición, mientras que en la luna un objeto de cincuenta pies [poco más de quince metros] podría ser detectado con radiación visible» (Spitzer, 1946). Surge así el proyecto del Hubble Space Telescope.

Isaac Newton (II): La gravedad universal

Al calcular el valor de esa fuerza para la Luna respecto a la Tierra, obtuvo que esta recorrería 15 1⁄12 pies parisinos en un minuto y «con esa fuerza descienden de hecho los graves en la Tierra» (P, libro III: proposición IV). Y voilá. […] Esto implica que la fuerza que mantiene al universo cohesionado no es, por lo tanto, la naturaleza del éter ni el movimiento propio de los cuerpos celestes ni una mente cósmica, sino la fuerza de la gravedad, es decir, la que se usaba para hacer referencia a la caída de los cuerpos (los graves) en la superficie terrestre: «ambas fuerzas, estas de los cuerpos graves y aquellas de las lunas, [tienden] al centro de la Tierra y [son] semejantes entre ellas [… por lo que] tendrán la misma causa» (P, libro III: proposición IV). De hecho, esta fuerza había sido llamada centrípeta durante todo el libro (es decir, la que haría que los planetas se dirijan hacia el centro de otros cuerpos celestes), pero ahora se ha descubierto que esta fuerza es la de la gravedad, que explica tanto la caída de los objetos sobre la superficie terrestre como el movimiento de los cuerpos celestes en el espacio. Nace un nuevo sistema del mundo.

Galileo (II): los movimientos terrestres

Además de las observaciones de las irregularidades del cosmos, Galileo era un firme defensor de los movimientos terrestres, tanto del diurno como del anual, lo cual fue la principal razón por la que le prohibieron pronunciarse sobre este tema (y por la que escribió sus últimas obras en forma de diálogo). La defensa de estos movimientos es la mejor apología de una ciencia elegante a la par que objetiva, pues no está prácticamente basada en observaciones (excepción sea hecha respecto a las fases de Venus), sino en razonamientos y en la creencia en un sistema simple y armónico. De hecho, gran parte de una de sus mayores obras, Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, sobre la cual Einstein decía que era «fundamento para cualquiera que esté interesado en la historia del espíritu de occidente y por su influencia en el desarrollo económico y político» (AE), está orientada a refutar los argumentos que se oponen al sistema copernicano, y es en gran medida teórica y con una gran carga subjetiva.

El sistema de Copérnico

Copérnico plantea, no por primera vez, pero sí de manera definitiva, el sistema por el cual la Tierra, como el resto de planetas, se mueve alrededor del Sol, que se consideraría inmóvil en el centro del universo. Esta teoría era tremendamente revolucionaria, pues se oponía tanto a las autoridades intelectuales básicas del pensamiento occidental como a la cosmovisión cristiana por la que los hombres eran el centro del universo y estaban «abajo», con la materia, mientras que las divinidades incorruptibles estaban en lo más «alto» del cielo. Además, planteaba que la Tierra se movía a una gran velocidad, lo que es a todas luces contraintuitivo, pues no cuadra con la experiencia común. El propio Copérnico entendía que sus teorías iban «contra la opinión tradicional de los astrónomos y casi contra el sentido común». ¿Por qué proponer este sistema, entonces?

Los epiciclos de Ptolomeo

Ptolomeo es el artífice de un sistema del cosmos que explicaba los movimientos aparentes de los astros visibles desde la Tierra, situando a esta en el centro, el cual se mantuvo vigente durante prácticamente un milenio y medio (que se dice pronto). Y su refutación es… subjetiva, en cierto sentido, como veremos más adelante. Sea como fuere, para entender nuestra visión actual del mundo es fundamental ver el sistema ptolemaico.

Simone de Beauvoir: situaciones (IV)

En el segundo volumen, Simone de Beauvoir analiza la educación, la situación y la justificación de la mujer en función de distintos roles (joven, madre, enamorada…), ya que si bien lo realmente existente son los seres humanos concretos y el «eterno femenino» es una proyección masculina, también es importante estudiar el destino tradicionalmente reservado a las mujeres en general, para poder entenderlo y cambiarlo.