albertobuscato

Antiguos raperos y trovadores modernos (II)

En esta segunda entrada, continuamos exploramos la evolución del rap y la trova, examinando cómo los raperos antiguos y los trovadores modernos se entrelazan, fusionando tradiciones musicales y dando forma a nuevas formas de expresión artística.

Antiguos raperos y trovadores modernos (I)

Este artículo examina la relación entre los trovadores medievales y los raperos contemporáneos, destacando cómo ambos movimientos, a pesar de sus contextos históricos y culturales divergentes, comparten una función similar en la representación de experiencias personales y la autenticidad. Se analiza la relevancia del rap como fenómeno cultural y literario, así como su potencial para ser incluido en el currículo educativo, a la luz de su evolución histórica y sus contribuciones al ámbito de las letras y la narrativa.

Rimas disonantes

La evolución de los movimientos artísticos más diversos y de los elementos a partir de los cuales estos se forman es constante. Y este es también el caso de las figuras retóricas, y de las rimas. Tradicionalmente, estas se han definido de cierta manera, sobradamente documentada y conocida por todos, pero quizás sea el momento Rimas disonantes

La esencia del rap hispano (contraportada)

Tras años de dedicación, por fin puedo presentarles la publicación de «La esencia del rap hispano», un libro en el que se intenta aportar un sistema para comprender el movimiento, basado en los valores fundamentales del mismo (la autenticidad, la igualdad y la clandestinidad) así como en sus estilos fundamentales (desde el hardcore y el underground hasta el cómico o el poético). Espero que les guste 🙂

Hegel (III) – Primer momento: la conciencia

«El conocimiento comienza con la certeza sensible, que se presenta a la conciencia de manera inmediata y absolutamente concreta: un árbol, el color negro, una pizca de sal. Todos estos objetos los capta la conciencia mediante la sensibilidad. No obstante, el árbol que se quiere captar a través de su certeza sensible en el aquí y el ahora, no es más que un ejemplo de un árbol, ya que cuando cambia dicho aquí y ahora el árbol deja de ser captado. Es decir, la percepción sensible depende del espacio en el que se sitúa la conciencia (que siempre es «aquí») y el tiempo en el que se sitúa (el «ahora»). Y cuando estos cambian, cambia lo que percibe».

Hegel (II) – Fenomenología del espíritu (II)

«Si quisiéramos ver un roble, no nos contentaríamos con una bellota, aunque en esta se encuentra en potencia la totalidad del desarrollo del árbol, con sus múltiples etapas y sus diversas formas. Si bien en la bellota encontramos el principio generador del roble, esta no es más que eso, el principio indiferenciado de todos los momentos del ser posterior, no el roble en sí. Aunque en su unidad esté contenido todo el desarrollo posible, con una infinidad de momentos y formas distintas (como hojas, flores, ramas…), lo están de manera indiferenciada, por lo que aunque podamos intuir el roble en la bellota (igual que se intuye el todo en el absoluto), no podríamos comprender o captar el árbol en la semilla. Tampoco le haría justicia un único momento de su desarrollo (digamos, a los dos o a los treinta años de crecimiento), sino solo la totalidad de su desenvolvimiento que incluye todos y cada uno de los momentos que constituyen el ser vivo, aunque cada uno de ellos desaparezca para formar el siguiente, como «el capullo desaparece en la eclosión de la flor»».

Hegel (I) – Fenomenología del espíritu (I)

«Algunas escuelas de pensamiento creen que «el absoluto no debe ser comprendido, sino sentido y contemplado; no su concepto, sino su sentimiento e intuición deben guiar la palabra y ser expresados por ella» de tal manera que cercenan el acceso intelectual o racional a este a favor de «la inocencia del vacío de entendimiento», como si la mera ausencia de contenido mental implicase la revelación del absoluto. No obstante, esta intuición primaria, que para ellos parece revelar de golpe el absoluto al completo, no es más que el comienzo de su comprensión, la visión más superficial por primigenia de su entendimiento. Esta comprensión se puede alcanzar, pero únicamente a través de la descripción completa del desarrollo de este absoluto».

El sistema de la naturaleza (II)

El segundo reino en la naturaleza es el de los vegetales, que «es vida compuesta, pero sin movimiento voluntario». Estas se pueden dividir en varias familias: las palmeras que son «las princesas, propias del océano índico […] de una notable excelencia, con un tronco visiblemente invariable, simplísimo y perenne, coronado por una frondosa corona siempre viviente»; las gramíneas, que son «el pueblo llano, campestre […] plantas rústicas, muy comunes, simples y vivaces, cuyos constituyentes son fuertes y robustos […] y se multiplican en gran medida»; las flores, que serían las «patricias, élites prominentes, orgullosas con sus luminosas vestimentas festivas»; hierbas, «nobles de las praderas, anodinas y polimorfas»; los árboles, «próceres selváticos, de orden noble y tronco perenne, a cuyos pies crecen los siervos que se nutren desfavorablemente de él»; los helechos, de «miembros externos, acechantes, que crecen a las espaldas»; musgos, son «siervos, esponjosos, tupidos al imbricarse, con capacidad de revivir de restos anteriores, agresivos, omnipresentes y numerosísimos»; las algas, «nativas, nacidas en el agua, sucios, renovables, abstinentes»; los hongos, «nómadas, otoñales, bárbaros, desnudos, pútridos, ladrones y voraces».

El sistema de la naturaleza (I)

«Es el siglo XVIII, Europa. Las ciencias están unidas a la religión cristiana, desarrollándose no necesariamente en base a esta, sino paralelamente. No se trata de probar la verdad científica de la Biblia, sino de estudiar la naturaleza como creación divina. Pero estudiar la naturaleza, al fin y al cabo. Y es que «El fin de la creación de la tierra es la gloria a Dios, a través de la obra de la naturaleza, por el hombre únicamente». Por lo que «La contemplación de la naturaleza es la vía próxima y más abierta para la admiración de Dios». Y esta obra es la «Naturaleza: ley inmutable de dios, que es aquello que es». Y esto se propone estudiar Linneo».

Aristóteles (III): El organon – Términos

«Aristóteles ha estado veinte años discutiendo y asistiendo a discusiones de los mayores filósofos del momento, que desde toda Grecia se dirigían hacia la academia platónica para conocer y debatir las teorías del maestro. Aquí observaría que hay una serie de formas comunes a la hora de ejercitar la dialéctica, es decir, en los debates habituales de estos pensadores, sean estas correctas, falsas o incluso malintencionadas. Sin embargo, la dialéctica en la academia se aprendía haciéndola o viendo como los sabios la ejercían, ya que esta era un ejercicio cuyo fin era orientar al estudiante hacia el bien a través de la práctica del debate intelectual, por lo que no tenía un tratamiento de ciencia en sí misma. Al fin y al cabo, para Platón la filosofía era una práctica personal, que cada uno tenía que realizar. Aristóteles recoge toda esta experiencia y la ordena, dando lugar a una ciencia del pensamiento, a la primera (y única) lógica occidental: «no es que una parte estuviera previamente elaborada y otra no, sino que no había nada en absoluto» (RS 183b35)».