Veganismo – Qué, por qué y cómo

Veganismo – Qué, por qué y cómo

     Tiburón, Jurassic Park, Alien, Anaconda… Todas estas películas tienen un elemento en común: un animal desalmado y cruel que caza a las personas bien para comérselas, bien por puro divertimento. Su única justificación es su superioridad física, no puedes escapar de él y no hay posibilidad ninguna de negociación porque no quiere nada a cambio: te quiere a ti. Sentirse objetualizado al nivel más puramente material que existe (el de la carne, en sentido literal) es duro.

     No sé si alguna vez habéis estado frente a frente con un animal que te ve como comida y cuya superioridad física es indiscutible (sin un cristal protector de por medio). Un tiburón, un oso blanco, un león… Por suerte, esta es una situación que no ocurre habitualmente en nuestras sociedades, pero sí en ambientes naturales. Yo tuve esa experiencia en la selva de Petén, donde hice una marcha durante cinco días en territorio donde cazaban habitualmente jaguares y panteras. Allí no hay más presencia humana que la de los nativos que, con un machete en mano, se van abriendo paso por la selva y los turistas que les acompañan. No hay cristales protectores, ni jaulas, ni policías con pistolas que te puedan librar del ataque de un jaguar (el cual, por cierto, no tiene rival en la selva). Si te encuentras de frente con uno solo te queda rezar para que no tenga hambre y decida dejarte ir, ya que es infinitamente más fuerte que tú, corre más que tú, trepa más alto y rápido que tú, te ve antes que tú le veas a él… No hay escapatoria.

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     No sé si me explico: el saberse un mero objeto para otro ser, es una sensación horrible. Por lo único por lo que le interesas al jaguar es por tu carne, por los kilos de proteína que puede sacar de ti. Si te secuestra un terrorista, por lo menos puedes intentar negociar, hacerle entrar en razón, ofrecerle dinero, fingir ser uno de los suyos, unirte a su causa a la desesperada, intentar quitarle el arma, insultarle aunque sea por gestos… Frente a un animal depredador no vale nada de esto.

     ¿Por qué cuento esta historia? Porque el animal de esta película es el ser humano y las víctimas de las que se alimenta son los animales. De eso voy a hablar en esta entrada. No hay que tomar esta historia como un argumento (pues sería emotivista y falso), sino como una analogía cuyo fin es concienciarnos de la indefensión a la que los animales están sometidos en nuestras sociedades, donde lo único que nos interesa de ellos es lo que podemos obtener de su cuerpo o de su trabajo. Igual que el tiburón o el alien de las famosas películas que llevan sus nombres, quienes quieren matar a los hombres para alimentarse de ellos u obtener un beneficio de su muerte, los hombres usamos a los animales como meras “cosas”, como objetos a nuestra libre disposición, y la única justificación para ello es nuestra superioridad física (o técnica, en este caso).

     Pero existen varias diferencias entre unos y otros. En primer lugar, el hombre no tiene necesidad de comer animales. A diferencia del lobo, que no puede ser vegetariano porque no tiene la capacidad física ni la concienciación necesaria para serlo, el hombre puede alimentarse sin usar animales para ello. Esto tampoco es un argumento; es un hecho, hay millones de personas vegetarianas y veganas en el mundo y no tienen deficiencias alimenticias de ningún tipo. En segundo lugar, el ser humano tiene una capacidad moral que le permite juzgar si un comportamiento es adecuado o no. Un lobo no puede escapar a sus instintos y sus acciones están determinadas por ellos, pero los seres humanos juzgan qué acciones son buenas y malas, buscando las primeras y huyendo de las segundas. Es decir, ser vegano es una opción que está a nuestro alcance,y en este artículo voy a exponer los que creo que son los puntos principales para entender el veganismo.

Veganismo… ¿Qué?

El veganismo como filosofía de vida

     Más que una moda, el veganismo es una filosofía de vida, un proyecto global y una opción de futuro. El veganismo propone una forma de actuación y un modelo de pensamiento respecto a los animales cuyo alcance pretende ser global. Las razones para ser vegano están mucho más allá de la decisión personal y el respeto a los animales, situándose como un modelo de vida que puede librar al mundo de algunos de los mayores retos que le afectan, como son el cambio climático, las hambrunas o la desigualdad.

     En primer lugar, el veganismo es mucho más amplio que la dieta vegana. Este es una filosofía de vida basada en el respeto y amor a los animales, en tanto que seres vivos, lo cual pasa por no alimentarse de ellos (por las razones que expondré a continuación), pero también por no usar objetos para los cuales hay que matar o perjudicar a un animal, como puede ser el cuero, muchos tintes usados en todo tipo de artículos que usamos diariamente, cosméticos que se han experimentado en animales, etcétera. Ser vegano significa no perjudicar a ningún animal mediante ninguna de las acciones humanas.

     No es necesario comer carne, ni es imprescindible usar el cuero, podemos usar tintes de fuentes vegetales, eliminar la experimentación con animales (al menos en los ámbitos más superficiales de la investigación), pero es difícil llevar una vida vegana de manera completa. Si nos paramos a pensar la cantidad de productos que obtenemos a partir de los animales, algo que normalmente no hacemos, nos vamos a dar cuenta de cómo nuestra sociedad está en gran medida fundamentada sobre el uso y abuso de los animales. ¿Te has preguntado de dónde sale la tinta de los bolígrafos? ¿Y la de los tatuajes? ¿Cómo viven los animales que salen en los anuncios de televisión y películas de cine? ¿Cómo se obtiene la piel de distintos animales para fabricar prendas de vestir? ¿Cómo se sabe qué dosis de desodorante o de pintalabios irrita la piel y cual no? ¿Ha muerto algún animal para hacer la masa de la pizza que compraste la semana pasada?

      Todos hemos escuchado algo al respecto del veganismo: tenemos un amigo vegetariano, hemos visto un restaurante vegano en nuestro barrio, hemos visto algún video viral sobre el uso y abuso de los animales pero… ¿sabemos realmente cuál es el alcance veganismo? ¿Cuáles son las razones para ser vegano? ¿Cuál es la mejor forma para hacerlo? Vamos a empezar viendo las razones para ser vegano, para empezar a entender este movimiento en toda su amplitud.

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Veganismo… ¿Por qué?

Razones para ser vegano

     1. El respeto animal. Es la más sencilla, directa y clara de las razones para ser vegano. El consumo de carne y productos derivados de los animales produce el daño y la muerte de estos animales. Los animales que llegan al supermercado pasan toda la vida en granjas en las que, en el mejor de los casos, estarán afinados en pequeños espacios, sin libertad de movimiento, desarrollando comportamientos estereotípicos, en muchas ocasiones sin ver la luz del sol… Vivirán así unos pocos años (ya que se les mata jóvenes, cuando su carne es más tierna) antes de ir al matadero, para el cual habrá que transportarle cienos de kilómetros en un camión (donde mueren alrededor del 30% en el caso de los pollos, por asfixia, aplastamiento o ataques al corazón por el nerviosismo). Allí, serán puestos en fila y se les matará de diversas maneras (prefiero no detallar este punto, hay cientos de videos en YouTube al respecto). Esto es lo que ocurre en los mejores casos, por no hablar de situaciones polémicas como maltratos innecesarios, negligencias, fallos en los sistemas de garantía y seguridad de las fábricas…

     Sin embargo, no todos los productos de origen animal causan el mismo daño a estos; hay que diferenciar entre uso, abuso y asesinato.

     1. 1. El uso de los animales es la acción menos perjudicial para con estos, ya que no implica necesariamente ni la muerte del animal ni su sufrimiento. Sociedades enormemente comprometidas con los animales (como la India tradicional) no dudan en usar productos derivados de los animales como la leche o los huevos. Seguramente los animales estén mejor sin que un humano les importune, pero no parece una tragedia obtener lana de una oveja o leche de una vaca. El problema es que muchas veces lo que se plantea como un uso acaba derivando en abuso.

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     1. 2. El abuso es otra cuestión. La tortura, la explotación o la esclavitud son muchas veces la forma en la que se trata a los animales para obtener un provecho de ellos. En granjas y mataderos, donde el trabajo el siempre bajo presión (como en cualquier sitio) y hay unos mínimos a los que llegar y los trabajadores están muchas horas trabajando, es normal que se produzcan abusos para obtener el máximo rendimiento. Cuando se utilizan animales en el campo, en televisión o en experimentación, cuando se obtienen productos de ellos como la leche o cuando se están criando y engordando animales para el consumo humano, no se mira el bienestar del animal, sino el provecho humano.

     Por poner un caso, cuando se experimenta con animales, la gran mayoría de las ocasiones no se está buscando un beneficio para ellos (para curar una enfermedad en el conejo, por ejemplo), sino para el ser humano (por ejemplo, una cura para el cáncer en personas). Cuando se usan caballos para tirar de los carruajes o burros para arar el campo, no se para cuando el animal está cansado, sino cuando se cansa el dueño. De hecho, el cansancio del animal solo se observa en la extenuación, cuando verdaderamente no puede más. Y aún así, muchas veces se fuerza para que el caballo siga tirando (no sería la primera, ni la segunda vez que muere un animal por el cansancio derivado de este tipo de prácticas).

     1. 3. La muerte es, por último, el mayor daño que se le produce al animal. Es difícil saber cuántos animales mueren para el consumo humano (alimenticio o no), pero algunas cifras hablan de cien mil millones (100.000.000.000) de animales muertos al año.  Piensa en la cantidad de restaurantes que hay en el mundo (pequeños puestos de comida rápida, restaurantes al uso, máquinas expendedoras) vendiendo pollo. A todas horas, todos los días. No hay un sitio en el mundo en el que no se venda pollo. Súmale el resto de animales de los que obtenemos carne, el pescado, los animales usados en experimentación en laboratorios por todo el mundo, los animales de los que se obtienen pieles…

     Por eso hay una diferencia entre ser vegetariano y vegano, y por eso hay que plantear el veganismo por grados (como veremos más adelante). Comer un producto derivado de un animal plantea la posibilidad de un abuso pero comer carne implica, inevitablemente, la muerte de un animal.

     2. Cuestiones ecológicas. Otra de las razones para ser vegano es la sostenibilidad, ya que esta forma de alimentación es mucho más ecológica que su alternativa. La principal fuente de gases de efecto invernadero es el ganado vacuno. Tanto por las conocidas flatulencias de las vacas como por su mera sobrepoblación (países como Uruguay, según su presidente Mujica, tienen tres millones de habitantes y diez millones de vacas). La propia respiración de millones de vacas por todo el mundo, así como los gases derivados de su metabolismo son gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. Pero más grave todavía es la deforestación asociada a la creación de pastos para el ganado. Los bosques no se talan para producir muebles, sino para alimentar a las ganaderías. Y, entiéndanme, las vacas no son el problema, sino su sobrepoblación para consumo humano.

     A esto hay que sumarle que la dieta vegana es más directa, por lo que implica menos movimiento de maquinaria y transportes, menos uso de combustibles fósiles y fertilizantes y, como consecuencia, menos producción de gases de efecto invernadero. Es más sencillo cultivar un vegetal y alimentarse de él, que cultivar un vegetal, alimentar con él a un animal y posteriormente alimentarte del animal. Estos requieren toda una serie de cuidados, transportar la materia con que se alimentan de un lado a otro, etcétera.

     Por último, en una sociedad en la que el reparto de comida es tremendamente ineficiente y millones de personas mueren de hambre, la dieta vegana se presenta como una ayuda para combatir esta problemática. Según la regla del 10%, o la pirámide de la energía, en cada salto en la cadena trófica se pierde el 90% de la energía. Es decir, solo obtenemos el 10% de la energía de aquello de lo cual nos alimentamos. Esta es la energía que queda después de que los seres vivos usemos el resto para movernos, generar calor, pensar, crear tejidos… solo una pequeña parte de esta energía es obtenida por el depredador. Por eso las cadenas tróficas no pueden ser muy largas. Pongamos que una persona puede alimentarse con una hectárea de trigo (datos ficticios). Si en lugar de comernos el trigo, usamos el espacio para alimentar ganado del que luego nos alimentamos, necesitaremos diez hectáreas para criar las vacas suficientes para alimentar a una persona. Si quisiéramos alimentarnos de leones o cualquier otro depredador que se alimentase de nuestras vacas, necesitaríamos 100 hectáreas para criar a las vacas suficientes para alimentar a los leones suficientes para alimentarnos nosotros de ellos.

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     3. Cuestiones de salud. La tercera razón importante para el veganismo es la salud. Dos de las tres temibles “C”s (Cáncer, Carretera y Corazón -principales causas de muerte en las sociedades más desarrolladas-) son producidas o están influidas por la alimentación. Las enfermedades cardiovasculares están directamente relacionadas con la obesidad y el consumo de grasas y proteínas de origen animal (infartos, hipertensión, arritmias…). Sencillamente: no hay gordos veganos. Los puede haber, pero es raro. La comida vegana es saludable en ese sentido, lo cual es especialmente significativo para una sociedad como occidente, donde no nos morimos de hambre sino de obesidad. Además, hay quienes dicen que el desarrollo del cáncer está favorecido por el consumo de proteína animal, pero no sé hasta qué punto esto está demostrado, ya que hay estudios contradictorios, muchos sesgados por industrias cárnicas y otros por lobbies veganos.

     Es cierto que hay productos veganos que son poco saludables, como sus análogos con carne. Estos son los procesados y ultraprocesados. Si somos veganos pero nos hinchamos a comer donuts con azúcar, pues tenemos una mala alimentación. Sea como fuere, frutas y verduras son de los elementos más saludables que hay en nuestra alimentación, fuente de vitaminas, antioxidantes, proteínas vegetales, etcétera. Productos como el aceite de oliva son especialmente valorados en España por esa cuestión. Y estos colocan la dieta vegana como una de las más saludables que existen, siempre que no se caiga en el abuso de ultraprocesados. Esta pirámide de alimentación vegana nos puede ayudar mucho a llevar una dieta saludable:

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Veganismo… ¿Cómo?

El veganismo como una opción gradual

Participación gradual

     Parece que ser vegano es una decisión con dos únicas alternativas: eres vegano radical hasta la muerte o eres un hipócrita. Y no es así. Tenemos que entender el veganismo gradualmente, cada uno en la medida de sus posibilidades y con una tendencia ascendente en la medida de lo posible. Allí donde vemos que no podemos continuar profundizando en este tipo de vida, nos detenemos y ya está. No tienes por qué dejar de comer carne, pescado, lácteos, huevos y cualquier alimento de origen animal de un día para otro. Pero quizás puedas dejar de comer carne algunos días, o sustituir la carne por pescado, o hacer el #lunessincarne o #sincarneantesdelasseis (#nomeatbeforesix). Si no puedes vivir sin comer salmón (cual oso), no pasa nada… Pero quizás puedes no comer cerdo ni ternera, o comer salmón menos habitualmente… Cada uno tiene que ver hasta donde llegar.

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     Esto es importante porque el veganismo no es una moda, es una forma de vida y, más allá, una cosmovisión; una forma de entender el mundo. Por eso mismo, no sirve para nada que seamos veganos estrictos durante tres meses y posteriormente, asqueados por no poder comer salmón los domingos, decidamos dejarlo. Pensar el veganismo de forma gradual es una forma de hacerlo accesible a todo el mundo, implicar más gente y conseguir los beneficios anteriormente mencionados para el beneficio de más personas y animales. Los grandes cambios se producen poco a poco, de manera sostenible, gradual pero firme.

     Hay que tener en cuenta que hay gente que lleva toda la vida comiendo carne y les es difícil dejar de hacerlo. Además hay personas que no pueden permitirse una alimentación vegana (que, de momento, es un poco más cara que la normal). Hay gente a la que no le sienta bien ser vegano o que no pueden serlo por prescripción médica… Son la minoría de los casos pero, aun así, es una forma de integrarles en esta cosmovisión el motivarles a ser lo veganos que puedan. Mi madre, por ejemplo, le sienta mal comer determinadas verduras y no entiende el mundo sin carne, pero ha dejado de comer pescado y ha empezado a cenar verduras que sí le gustan.

Los niveles de vida

     Además de que podamos participar más o menos en el veganismo, lo podemos hacer de distintas formas. En mi opinión, todas las formas de vida merecen respeto y tienen “derecho” a la vida, sin embargo, no todos los animales, ni todos los seres vivos, tienen el mismo nivel de complejidad ni la misma capacidad para sufrir, ni todos son usados de la misma manera, por lo tanto no todo consumo animal tiene los mismos problemas morales. No es lo mismo matar a un cerdo que robarle la miel a una abeja, igual que no es lo mismo matar a una vaca que a un salmón. Voy a intentar explicar, brevemente, este punto haciendo mención a los distintos niveles de complejidad de la vida:

     1. En primer lugar, el de máxima complejidad, estamos los animales superiores. Vacas, ballenas, seres humanos, cerdos, tigres, monos… Tenemos un sistema nervioso central muy potente (unos más que otros), capaz de sentir el dolor como dolor y capaz de sufrir. Vemos estos dos puntos.

     1. 1. Para sentir dolor es necesario tener el sistema nervioso periférico que te permita percibir un estímulo (algo que una planta no tiene) y el sistema nervioso central que te permita entenderlo como “dolor” propiamente dicho (algo que no tienen todos los animales). Estas condiciones se dan en todos los animales superiores, por lo tanto todos ellos sienten un golpe como “doloroso” y sufren al ser torturados: todos padecen “dolor”.

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     1. 2. Otra cosa es el sufrimiento, que es una especie de dolor psicológico. Hay muchas formas de sufrimiento: pena, miedo, angustia, humillación, sensación de opresión… Todas estas emociones las tenemos los seres humanos (por eso tenemos nombres para ellas) y muchas de ellas las tienen muchos seres superiores. Sin embargo, es difícil decir si un león o una vaca sienten humillación o si se sienten oprimidos. No hay una expresión fisiológica sencilla ni única que muestre estas emociones. Además, es todavía más complejo saber en qué circunstancias sienten estas emociones. ¿Se siente un cerdo humillado cuando sus compañeros le ven revolcarse en el barro? Seguramente no… Pero quizás sientan vergüenza cuando un humano le quita la comida de la boca o le “baña” con agua. O quizás les de igual. Son situaciones muy difíciles de discernir científica y filosóficamente. Sin embargo, sí es más fácil de comprobar que estos animales sienten miedo, angustia, pena o apatía, porque muestran comportamientos afines a esas emociones (incremento del pulso cardíaco, agitación, gritos y aullidos, comportamientos estereotipados, autolesiones, dejar de comer, alteraciones en sus jerarquías y comportamientos sociales, etcétera).

     Esto es relevante porque muchas personas dicen que a una vaca se la viola cuando se le obliga a tener relaciones sexuales con un toro que ella no ha decidido, en el momento que al ganadero le parezca más oportuno y de la forma más rápida posible. ¿Tiene una vaca el concepto de intimidad sexual? No lo sé, y creo que no es fácil saberlo. No tienen una normatividad tan desarrollada como el ser humano, pero sí tienen instintos biológicos reproductivos determinados. De todas formas, creo que sí es mejor no inmiscuirse en la vida de un animal que hacerlo para nuestros propios beneficios.

     2. En segundo lugar, desde una perspectiva alimentaria, están los animales inferiores (en complejidad). Hablemos del pescado (hay muchos niveles de complejidad intermedios entre un cerdo y un pez, pero lo importante es ver la diferencia entre los dos grandes bloques alimentarios no vegetarianos: carne y pescado). Los peces, reptiles y demás animales más sencillos tienen capacidades de sufrimiento más limitadas que los animales superiores pero, aun así, sienten dolor.

     Pensad únicamente el siguiente dato: reptiles y peces no tienen memoria. No conocen “pasado/presente/futuro”, todo para ellos está en el ahora. Ven comida y comen. Ven un pez más grande y corren hacia el otro lado… ¿Puede, un pez, sentirse encerrado en un acuario? Un pez que lleva cinco años en una pecera no sabe que está encerrado. No recuerda llevar ahí tanto tiempo; la pecera siempre es nueva para él. De hecho, cada vez que vea el filtro del agua va a “sorprenderle”, como si de algo nuevo se tratase. Peces y reptiles, por lo tanto, no tienen capacidad de sentir emociones, especialmente las más complejas como apatía, vergüenza, angustia… Pero todo esto no quita que no sientan dolor, ya que tienen nervios que detectan dichos estímulos y un sistema nervioso central  (relativamente complejo) que los procesa como tal.

     3. Por último, dentro del ámbito de los “animales”, tenemos a los insectos. Estos son formas de vida con capacidad de percibir el entorno, pero difícilmente pueden “sufrir” (es decir, tener angustia o miedo) y no sé hasta qué punto sienten el dolor (como dolor, más allá de una señal que te dice “si allí te duele, muévete para el otro lado”). Los insectos actúan de forma completamente instintiva, como pequeñas maquinitas que hacen lo que están programadas para hacer. Un robot diseñado para huir del calor… ¿siente dolor cuando se acerca al fuego? No lo sé, y no sé hasta qué punto siente dolor un insecto (es decir, es algo que no se sabe con claridad). Sin embargo, siguen siendo formas de vida de las cuales no dependemos para nuestra alimentación y que tienen una mínima capacidad de sentir dolor, por lo cual es mejor no usarlos para nuestros propósitos. Pensad que para obtener la seda se hierven vivos a los gusanos de seda dentro de sus capullos, lo cual no deja de plantear cuestiones morales aunque, en mi opinión, menores que las que plantea una corrida de toros (donde se usan animales de gran complejidad).

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     4. En último lugar tenemos a las plantas (y más abajo estarían los hongos y las bacterias, pero podemos incluirlas en este nivel por ahora). Estas no tienen capacidad de sufrimiento ni de sentir dolor, ya que no tienen ni los nervios necesarios para percibir un estímulo ni el sistema nervioso central para procesarlo como “doloroso”. Es cierto que las plantas reaccionan al medio ambiente, pero como lo haría, no ya un robot, sino un sistema de poleas. La planta siente la falta de agua y se cierran sus poros automáticamente, le da el sol por la derecha y se gira inevitablemente hacia allí. Es muy interesante estudiar la mecanicidad de este proceso. Por poner un ejemplo sencillo: cuando el sol da en una parte de la planta, las células que reciben el sol de frente crecen a un ritmo diferente que aquellas que quedan en la parte donde da la sombra porque tienen más energía, lo que produce que la planta crezca en dirección al sol (o huyendo de él, dependiendo de las plantas). La planta no piensa “el sol está por allí, pues pa allá voy”, igual que no siente dolor cuando se le corta una rama ni sufre cuando te comes sus semillas (lo cual no quiere decir que no haya que respetarlas como seres vivos o dañarlas sin necesidad).

     Insisto en este punto porque, no me preguntéis por qué, pero uno de los argumentos que la gente suele esgrimir cuando le dices que eres vegano es: “y… ¿qué pasa, que un tomate no sufre cuando te lo comes? ¿Por qué vale más un tomate que una persona? ¿Eh? A ver… ¿por qué?” En fin…

     Por cierto, aprovecho para decir algo que no tiene na que ver con el veganismo, aunque sí con el tema del movimiento de las plantas y que me parece muy guay… ¿Sabéis que los girasoles se mueven… rehuyendo el sol?

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La obtención del “producto”

     A esto hay que añadirle una última cuestión: cómo se obtiene la carne de cada animal. Es muy distinta la procedencia del pescado y la de la carne de granja. Los peces viven toda su vida en absoluta libertad (piscifactorías a parte), en el mar o en los ríos donde siempre han vivido. Llevan su vida normal, establecen sus jerarquías habituales, mantienen (o no) las relaciones sexuales para las que están naturalmente preparados… Hasta que llega un pescador y los saca del agua clavándoles un anzuelo en la cara y dejándolos morir ahogados en un refrigerador. El final es duro, pero la vida es… natural.

     Esto contrasta con la vida que llevan los animales en granjas, donde son afincados de por vida, obligados a mantener las relaciones sexuales que el ganadero crea oportunas, en espacios muy reducidos donde sus jerarquías naturales (tan importantes para su bienestar físico) se ven impedidas, con condiciones de salubridad discutibles, siendo empujados y manoseados por los ganaderos, siendo transportados durante horas en un camión hacia el matadero (que a lo mejor está a 500 kilómetros de distancia), colgados de las piernas y… en fin… No es lo mismo.

     De hecho, llamo la atención brevemente sobre la cuestión de la alimentación halal, la permitida por la ley coránica, según la cual los animales tienen que haber vivido con unas garantías mínimas y tienen que morir sin sufrimiento para ser aptas para el consumo humano. Esto no se aplica al pescado porque se entiende que todos los peces viven en su estado natural (aunque ahora con el desarrollo de las piscifactorías cambia la cuestión). Si os fijáis en restaurantes y productos árabes, veréis un símbolo similar a este:

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     Por último, comentar que esta es la cuestión por la que creo que la carne de caza es más apropiada que la de supermercado. Siempre bajo un enfoque vegano por el cual creo que el consumo de carne se debería evitar pero, si compramos carne en un supermercado, no podemos quejarnos de un cazador que caza para comer (no estamos hablando de caza deportiva). Hay muchas zonas del mundo en las que se caza para alimentarse, no por diversión (y en España también ocurre, especialmente en quienes han practicado esta caza durante años). En este caso los animales viven libres hasta que llega el depredador (el ser humano en este caso, como podría ser un lobo o un león), mata al animal y se lo come. Trágico, pero más natural que cuando los animales viven en granjas toda su vida.

El veganismo positivo

     Hay dos formas de presentar el veganismo a alguien que desconozca de qué trata: la dura y la agradable. La vía dura es mostrando las atrocidades que se cometen con los animales (mataderos, fábricas de pieles, etcétera). Ver estas realidades le dejan a uno un mal cuerpo… Ni las peores películas gore pueden competir con lo que ocurre en los sitios donde se abusa de los animales, con el añadido de que en estos últimos no hay ficción. Dejo unos videos al final de este escrito solo aptos para estómagos fuertes. Yo he estado a punto de vomitar en varias ocasiones por este tipo de videos. Sin embargo… es que son ciertos, muestran realidades que pasan y una forma de evitarlos es el veganismo.

     La otra forma es la vía positiva o agradable, es decir, presentando las ventajas que tiene ser vegano (en lugar de hablar de las desventajas o consecuencias que tiene no serlo). Yo practico esta vía, le hablo a la gente de lo bien que me siento con una alimentación vegana, de la fuerza y vitalidad que tengo desde que no como carne, de los remordimientos morales que me he quitado, de lo que contribuyo al medioambiente… No quiere decir que la vía dura no tenga sentido, especialmente para los veganos de trinchera, los que están intentando hacer que este movimiento crezca lo más rápido posible, cuanto antes, y se enfrentan a los grandes poderes cuyos intereses económicos dependen de las industrias de carne o al gran público que no quiere prestarles atención.

     Pero, como mi opción es otra, la “vía agradable”, voy a contaros, ya para terminar, mi historia con el veganismo

Cómo y por qué me hice vegano

     La decisión de hacerme vegano no fue para mí algo trascendental. No significó un cambio de la noche a la mañana, ni vi la luz, ni me creí mejor moralmente que los demás después de hacerme vegano. Era consciente de los derechos de los animales pero, como ocurre con todos los comportamientos normalizados, no había pensado demasiado en ello. Pensaba, simplemente, que era natural y tenía una serie de prejuicios (que ahora me doy cuenta que son compartidos por todos los que no hemos estudiado mínimamente el veganismo) como que es una dieta más pobre, que te va a quitar la fuerza, que es un antropocentrismo pensar que los animales tienen sentimientos o derechos, que es igual matar a una planta que a un animal…

     Sin embargo, llevaba meses leyendo distintos libros sobre hinduismo. Había leído las Upanishads, libros de advaita Vedanta, libros sobre la India en general… Me interesé por ellos por cuestiones filosóficas, y no dejaba de ver por todos lados la comparación con occidente en varios puntos, uno de los cuales era el respeto animal. Fascinado por sus sistemas de pensamiento, decidí seguir sus formas de vida (en la medida de lo posible). Empecé, entonces, como empiezan las buenas historias: por probar.

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     No tardé en notar los cambios fisiológicos. Empecé a sentirme con muchísima más vitalidad. Tenía menos fuerza (relativamente hablando), pero muchísima más energía. Es decir, si antes podía levantar como mucho 50 kilos (o los que sean, nunca he probado cuánto es el máximo que puedo levantar), ahora seguramente solo pueda levantar 45 (una pérdida que tampoco me afecta en lo más mínimo), pero por el contrario me sentía mucho más… vivo. Tenía más energía, más ganas de afrontar el día, más capacidad para trabajar intelectualmente, me concentraba mejor, etcétera. De hecho, esa vitalidad me potencia mi capacidad de hacer deporte, por lo que contrarresta sin lugar a dudas la pequeña pérdida de fuerza bruta.

     Yo me paso el día leyendo, estudiando y escribiendo. Puro trabajo mental. Y, como tal, estoy siempre cansado mentalmente. Leer mola pero… cuando llevas cinco horas leyendo filosofía en un idioma que no es tu lengua materna, cansa. Acabas agotado. Pues… desde que cambié mi alimentación, siento que soy capaz de concentrarme mucho mejor. Mi trabajo intelectual rinde más, mi mente se cansa menos.

     Esto lo decían los indios desde hace miles y miles de años (quizás unos ocho milenios): los soldados tienen permitido comer carne, porque el trabajo físico que realizan lo requieren, pero los brahamanes (los intelectuales de esta sociedad, digamos), tenían una alimentación vegetariana o vegana que les favorecía su actividad (básicamente leer, recitar, enseñar…). Siempre pensé que sería una creencia popular y nada más pero, como ocurre de vez en cuando que un científico descubre la razón por la cual el remedio de la abuela verdaderamente funciona, vi que la creencia popular era cierta.

     Entonces empecé a “investigar” (básicamente a buscar recetas veganas). Empecé a encontrarme con las razones que expongo en esta entrada y cada vez me convencí más de esta opción. Me reafirmaba y encontraba más y más razones para continuar con esta forma de vida pero, además, esto produjo en mi una forma de concienciación que nunca habría imaginado. A ver si consigo explicarme.

     Siempre he sabido que la carne viene de los animales (evidentemente) y que los animales hay que matarlos y que sufren y que muchos están sometidos a abusos y demás. Pero siempre buscaba la excusa para justificar mi comportamiento (es inevitable, es igual matar a un animal que a una planta, es algo natural, no pasa nada por hacerlo, si no lo mato yo lo haría un lobo…). Creía que dichas excusas eran argumentos pero, una vez que empecé a comportarme como vegano (sin estar todavía completamente convencido de ello) y al no tener la necesidad de justificar un comportamiento mío (porque dicho comportamiento ya no existía en mí), empecé a ver con claridad que las razones que me ponía para justificarme eran simplemente excusas.

     Empecé a entender de verdad lo que significa que una sociedad esté basada sobre la utilización, abuso y eliminación de otra especie. Empecé a ser consciente de los miles de millones de animales que se matan innecesariamente al año, de los otros tantos que están en durísimas condiciones en granjas y fábricas (aun en el mejor de los casos), empecé a entender lo que debe significar para ellos la falta de libertad de movimiento, el estar sometidos a una especie más fuerte que ellos que les controla y decide sus relaciones sociales, que hace lo que quiera con sus hijos, que acaba matándoles para alimentarse de ellos, muchas veces causando un gran sufrimiento al animal (como en los toros o en la obtención de pieles para abrigos), etcétera, etcétera, etcétera. Empecé a ver el bacon, las albóndigas o los filetes como trozos de animales. Trozos-de-animales…

     Empecé a empatizar con ellos, siempre desde la comprensión, es decir, apoyado sobre la reflexión y la fisiología comparada. No empatizo emocionalmente con una mosca como lo hago con otro ser humano, porque entiendo que la mosca no tiene sentimientos, pero sí respeto su vida y su derecho a estar aquí, en el mundo. Y esa empatía es una forma de amor y respeto. Y lo que es enormemente gratificante: se siente como tal. Se percibe que tu forma de alimentación no produce el sufrimiento de ningún ser vivo ni la muerte de ningún animal.

     Me sorprende cuando la gente piensa que ser vegano es una renuncia y un martirio. Yo lo vivo de forma completamente opuesta, como una decisión que me trae beneficios y felicidad. Cuando como (que acabamos haciéndolo varias veces al día) pienso “no ha muerto ningún animal para que yo coma” y esto os aseguro que trae muchísima más alegría que la sensación de comer jamón o espaguetis boloñesa. Hay que desarrollar la empatía y el amor hacia los animales pero, una vez desarrollado, se sobrepone absolutamente a cualquier placer sensorial que pueda darte la carne.

     Actualmente llevo una dieta vegana prácticamente al 100%. Salvo el uso de la miel, ya que es un elemento principal en mi alimentación, que creo que es enormemente saludable y que creo que no tiene grandes consecuencias morales (para obtenerla no se mata ningún ser vivo, aunque se perjudica a los insectos que la producen). Intentaré dejarla en un futuro (y usar edulcorantes de origen vegetal), pero quizás este sea mi tope. Por otro lado, no rechazo comer algún derivado animal de vez en cuando ya que considero que estos se pueden obtener sin abuso animal, aunque sí que he desarrollado cierto rechazo a la carne. Quizás en el futuro elimine mi consumo de miel y los ocasionales derivados de animales, cuando ello no me suponga un esfuerzo que haga que peligre mi decisión de ser vegano, en la cual creo y confío totalmente, y con la cual me siento completamente a gusto.

 

Conclusiones

     Como hemos comentado, ser vegano va más allá de la alimentación. Para establecer una sociedad vegana tenemos que cambiar completamente muchos modelos productivos, buscar fuentes vegetales para productos que actualmente provienen de origen animal, cambiar la forma de entender determinadas industrias (como la cosmética), etcétera. Gran parte de nuestra sociedad está basada en el uso de los animales. Es más, el mero hecho de vivir en ciudades o pueblos ya implica el desplazamiento de especies autóctonas. Pero no vayamos tan lejos. Los cambios importantes tienen que producirse de forma gradual, afianzándose a cada paso. Poco a poco.

    El abuso animal es una responsabilidad compartida, pero real. Tanto los consumidores (que lo fomentan y justifican) como los productores (que lo realizan) son culpables del abuso animal y si tenemos en cuenta que muchos consumidores son inconscientes a esta realidad (no tienen por qué ser conscientes de ella) y muchos no tienen otra opción (por cuestiones económicas, por ejemplo), hay que centrase en las empresas, en garantizar que el uso de animales, cuando sea imprescindible o al menos mientras desaparece, sea responsable, sostenido y respetuoso. Por otro lado, “si no hay demanda, no hay negocio”, por lo tanto son los consumidores los que tienen en sus manos la capacidad de hacer que el abuso animal se reduzca. Los consumidores pueden dejar de comprar productos derivados de animales, o no comprar a empresas que se sepa que abusan de ellos, o que experimentan con animales, o no comprar productos como el paté, cuya obtención es especialmente dura.

     La naturaleza nos ha colocado en la cúspide de la cadena evolutiva, pero también nos ha dado el juicio moral y las alternativas para no estar en la cúspide de la cadena trófica. Ser vegano es una decisión entre ser el depredador o el protector de la naturaleza, entre el placer sensorial y el costumbrismo o la responsabilidad moral. En el fondo, es elegir sobre la vida o la muerte.

     Yo, lo tengo claro. ¿Y tú?

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Links de interés:

Páginas internacionales de apoyo al veganismo de todas las maneras posibles:

https://www.veganism.com/ o https://vegan.org/

En español (algo más naive): http://www.igualdadanimal.org/veganismo

     Os recomiendo el canal de Frank Cuesta, donde muestra información sobre su trabajo con animales en Tailandia, sus opiniones respecto al tráfico de animales contra el cual ha trabajado toda su vida, pero también sus críticas a un veganismo radical en tanto que violento y agresivo.

 

EL HALL DEL TERROR – Videos no aptos para todos los públicos

Canción de La Ruina sobre los mataderos, Los muertos de miedo: https://www.youtube.com/watch?v=MJXjesRoXy0

Frank Cuesta sobre las pieles: https://www.youtube.com/watch?v=b-zjHjW8izA

Canción de La Ruina sobre la tauromaquia, El arte de matar: https://www.youtube.com/watch?v=Vwj8v0JSoU0

 

Hay cientos de videos similares en YouTube, sírvanse ustedes mismos…